Erdem: vestir lo que el tiempo no ha conseguido borrar
Hay algo que Erdem Moralioglu hace una y otra vez: escuchar a mujeres que ya no están aquí. Las encuentra en fotografías antiguas, diarios, pinturas, archivos, libros y pequeños fragmentos de una vida que alguien dejó atrás. A veces conoce su nombre; otras, apenas queda una imagen. A partir de ahí comienza a imaginar: qué pensaban, cómo vivían, qué llevaban puesto, qué escondían o qué habrían elegido vestir si hubieran tenido la oportunidad de hacerlo de otra manera.
Esa curiosidad es el principio de su proceso creativo. Mucho antes del vestido está la historia y, antes incluso del desfile, está la mujer. Antes de que una colección llegue a la pasarela, Erdem ya ha pasado tiempo construyendo una relación imaginaria con alguien a quien, en realidad, nunca conoció. Es en ese diálogo entre la investigación, la memoria y la ficción donde comienza a tomar forma su universo creativo.
Erdem Moralioglu
Erdem Moralioglu nació en Montreal, hijo de padre turco y madre británica. Estudió en el Royal College of Art de Londres y, en 2005, presentó su primera colección bajo su propio nombre. Dos décadas después, resulta difícil separar al diseñador de su particular manera de mirar el mundo. Erdem no parece acercarse a la historia simplemente en busca de inspiración, sino como quien busca a alguien: una presencia, una voz o una vida que merece ser descubierta de nuevo.
Una fotografía puede convertirse en una obsesión; una mujer olvidada, en el centro de una colección; y un vestido antiguo, en la puerta de entrada a toda una época. Cuanto más investiga, más lejos queda la idea de crear simplemente «ropa bonita». Su trabajo se convierte entonces en algo más complejo: una narración construida a través de la seda, el terciopelo, las flores, el encaje, los bordados, los volúmenes y el color. Cada colección parte de una historia, pero termina creando su propio universo, situado entre la memoria, la investigación y la imaginación.
Las mujeres
Durante estos veinte años, ERDEM ha vuelto una y otra vez a mujeres que parecen haber escapado de las categorías fáciles: mujeres que hicieron algo que no se esperaba de ellas, que trabajaron, crearon, viajaron, desafiaron las convenciones o simplemente vivieron de una manera que merece ser recordada. Algunas fueron conocidas; otras quedaron casi completamente fuera de los relatos oficiales. Erdem las recupera, pero no para convertirlas en personajes de época ni para reconstruirlas con una fidelidad histórica literal. Las devuelve al presente.
Ese es uno de los gestos más poderosos de su trabajo: no se trata de vestir el pasado, sino de hacerlo volver a respirar. Por eso sus referencias históricas nunca parecen completamente encerradas en otra época. Puede haber algo antiguo en un bordado, algo victoriano en una silueta o algo romántico en una flor, pero esas referencias adquieren un significado diferente cuando aparecen sobre una mujer contemporánea. Entonces, la historia deja de ser un lugar distante y vuelve a formar parte del presente.
Del archivo al cuerpo
En el estudio, la imaginación tiene que convertirse en algo tangible. Una fotografía se transforma en un dibujo; el dibujo, en una silueta; la silueta pasa al maniquí y, a partir de ahí, comienza un proceso de prueba, corte, desmontaje y reconstrucción en el que cada decisión puede modificar el resultado final. Un bordado puede ocupar horas de trabajo, una flor puede repetirse decenas de veces y una pequeña variación en la proporción puede cambiar por completo la forma de una prenda.
Es en ese proceso donde la idea deja de ser una referencia y empieza a convertirse en ERDEM. Detrás de la aparente ligereza de sus vestidos existe una enorme disciplina y un trabajo minucioso que rara vez se percibe a primera vista. La delicadeza no es fragilidad; es precisión, paciencia y oficio. Quizá por eso sus prendas producen esa mezcla tan particular: parecen pertenecer a un sueño, pero están construidas con una precisión extraordinaria.
Veinte años
En 2025, ERDEM cumplió veinte años. En el contexto de la moda, dos décadas pueden parecer mucho tiempo: significan cientos de colecciones, miles de prendas, incontables horas de atelier, fittings, pruebas, viajes, archivos, conversaciones y mujeres imaginadas. Pero también significan algo más íntimo: que una idea inicial consiguió sobrevivir y convertirse en una manera de entender la creación. La idea de que la moda podía ser una forma de contar historias, de que un vestido podía contener una memoria y de que una mujer de hace cien años todavía podía tener algo que decir. Y que un diseñador podía detenerse a escucharla.
Por eso, cuando llega el momento de celebrar estos veinte años, Erdem no parece mirar hacia atrás para hacer inventario. Su respuesta es mucho más coherente con la esencia de su trabajo: volver a investigar, volver a imaginar y volver a establecer un diálogo con las historias que siguen esperando ser descubiertas. Vuelve a abrir la conversación.
Otoño / Invierno 2026 — La conversación imaginaria
Hay títulos que simplemente nombran una colección y hay otros que parecen explicar una vida entera. The Imaginary Conversation — La conversación imaginaria es uno de ellos. La colección Otoño/Invierno 2026 celebra el vigésimo aniversario de ERDEM, pero no lo hace desde la nostalgia ni desde una mirada retrospectiva. Erdem vuelve a las mujeres, las historias y las voces que han acompañado su trabajo durante estas dos décadas para reunirlas, recordarlas y, de alguna manera, volver a hablar con ellas. Es una conversación imposible, porque algunas de esas mujeres están separadas de nosotros por décadas e incluso siglos, pero posible dentro de la imaginación, que es precisamente el territorio en el que ERDEM ha construido buena parte de su lenguaje.
En ese espacio, el tiempo deja de ser una línea recta. Una fotografía de 1900 puede encontrarse con una mujer de 2026 y un vestido puede convertirse al mismo tiempo en recuerdo y en deseo. Una historia que parecía terminada puede volver a abrirse para ser interpretada desde el presente. La conversación imaginaria es, en el fondo, una conversación con todo lo que ERDEM ha sido: con las mujeres que han inspirado sus colecciones, con los vestidos, los archivos, el romanticismo, la artesanía y la memoria, pero también con las obsesiones que han acompañado a Erdem Moralioglu desde que, hace veinte años, decidió poner su nombre a una colección.
Ahora esa conversación continúa y adquiere una dimensión diferente, porque el diseñador puede dialogar también con su propia historia. No sabemos exactamente qué se dijeron esas mujeres a Erdem a lo largo de estos años, pero podemos ver su respuesta en cada vestido, en cada bordado, en cada flor y en cada silueta que aparece sobre la pasarela. Veinte años después, ERDEM sigue haciendo lo mismo que hizo al principio: encontrar una historia, escucharla y darle una nueva vida. Solo que ahora, por primera vez, también puede conversar con todo lo que ha construido en el camino. **Y la conversación acaba de empezar.**