La Serie

Industry, 2020–

Creada por: Mickey Down y Konrad Kay

Myha'la Herrold y Marisa Abela como Harper y Yasmin en la serie Industry

Existen series que utilizan un mundo profesional como escenario. Industry lo utiliza para enseñarnos cómo funciona el poder cuando nadie está dispuesto a regalarte nada.

En Pierpoint, el banco de inversión londinense donde transcurre la serie, todo parece medirse en resultados: cuánto vales, cuánto ganas, a quién conoces y hasta dónde estás dispuesto a llegar. Pero debajo de los mercados, el dinero y las operaciones hay otra historia mucho más interesante: la de un grupo de jóvenes intentando encontrar su lugar en un mundo que no tiene demasiado interés en hacerles sitio.

Y ahí las mujeres tienen una posición especialmente complicada.

En Industry, las mujeres no están ahí para demostrar que también pueden jugar al juego de los hombres. El problema es que, para sobrevivir, a veces terminan aprendiendo demasiado bien sus reglas.

Harper Stern llega a Pierpoint desde fuera. Es estadounidense, negra y no tiene ni el dinero ni las credenciales que parecen necesarias para estar allí. Lo que sí tiene es inteligencia, instinto y una ambición que puede resultar tan admirable como peligrosa. Harper aprende rápido. Entiende a las personas, detecta sus debilidades y descubre que en ese mundo ser buena no siempre es suficiente. Hay que saber cuándo hablar, cuándo callar y, sobre todo, cuándo dejar de jugar limpio.

Myha'la hace que Harper sea imposible de encerrar en la categoría de heroína o villana. Hace cosas que entendemos y otras que nos cuesta perdonar. Quiere sobrevivir, pero también quiere ganar. Y cuanto más consigue, más difícil resulta saber dónde termina la necesidad y dónde empieza la ambición. Yasmin parte de un lugar completamente diferente. Tiene dinero, educación, contactos y un apellido que le abre puertas. Sobre el papel debería tenerlo mucho más fácil que Harper. Pero pronto descubre que tener privilegios no significa necesariamente tener poder.

Durante mucho tiempo, Yasmin es observada antes de ser escuchada. Su aspecto, su familia, sus relaciones y su sexualidad pesan tanto como su trabajo. Y una de las cosas más interesantes de su evolución es verla aprender a utilizar aquello que otros utilizan para definirla. Su feminidad deja de ser solamente algo que los demás pueden juzgar. También puede convertirse en una herramienta.

Pero Industry no convierte a ninguna de las dos en una víctima perfecta. Harper y Yasmin sufren las reglas del sistema y, al mismo tiempo, aprenden a utilizarlas. A veces se protegen. A veces se traicionan. A veces hacen exactamente lo mismo que criticaban en los demás.

Y quizá por eso funcionan tan bien juntas.

Harper tiene lo que Yasmin no tiene: la capacidad de luchar por un lugar que nunca le perteneció. Yasmin tiene aquello que Harper siempre ha tenido que conquistar: acceso. Se admiran por las mismas razones por las que pueden llegar a envidiarse. Su relación cambia constantemente, pero nunca deja de ser importante. Son amigas, rivales, confidentes y enemigas, a veces todo en el mismo episodio. Y en el fondo se reconocen porque las dos saben que estar dentro no significa necesariamente tener el control.

Eso es lo que hace que Industry sea mucho más que una serie sobre bancos y mercados.

Habla de dinero, sí. Pero también de clase, sexo, ambición, privilegios y de esa necesidad bastante humana de demostrar que mereces estar en una habitación aunque nadie te haya invitado. Harper y Yasmin no encuentran una manera perfecta de sobrevivir. Encuentran la suya. Y quizá esa sea la parte más incómoda de la serie: cuanto mejor aprenden las reglas, más se parecen a las personas contra las que empezaron jugando.

Porque en Industry ganar también tiene un precio.

La pregunta es ¿Cuánto estás dispuesta a pagar?