Dicha Balear: un retiro para recordar quién eres
Hay filosofías que no buscan ser explicadas, sino recordadas. En el corazón de este retiro vive un mantra antiguo y esencial: So-ham. “Yo soy eso”. Una afirmación simple y, a la vez, radical. El reconocimiento de que el ser individual contiene en sí mismo al universo entero. Yo soy tú, yo soy el mar, el campo, la tierra y el cielo. Soy la luz y también la oscuridad.
Este mantra, simbolizado por el cisne —Hamsa—, habla de la no separación; De la unión entre quien observa y lo observado fundidos en una sola conciencia. Yoga, en su sentido más profundo: unión. Desde ahí nace Dicha Balear, no como una promesa externa, sino como una invitación a volver al estado más puro del ser. Una dicha que existe más allá del ego y de sus múltiples versiones; una esencia intacta, sin etiquetas, que permanece incluso después de los inevitables tropiezos de la vida.
La propuesta no se inscribe dentro del wellness moderno entendido como fórmula genérica. Aquí no hay recetas universales ni soluciones rápidas. La intención es honesta y clara: promover el auto-conocimiento, el discernimiento y la capacidad de escucharnos de verdad. Aprender a responder a lo que realmente necesitamos para vivir con más plenitud, energía y propósito. Cada actividad tiene un sentido preciso. Nada se llena en vano. Todo está pensado para transmitir algo auténticamente transformador.
La fuerza del ahora
La práctica de yoga se apoya en la tradición: es clara, profunda, amable y directa. A lo largo de cuatro días, las sesiones están diseñadas para acompañar una transformación gradual, de menos a más. El yoga impacta de manera única a cada persona, pero cuando se vive en grupo sucede algo más: los procesos individuales se sostienen en la energía colectiva, en la naturaleza, en esa sensación de ser acompañados mientras algo se mueve por dentro. La quietud, cuando está bien guiada, se convierte en un terreno fértil. Es ahí donde surgen las respuestas más verdaderas.
La filosofía del retiro se aborda de forma práctica a través de múltiples capas del yoga: posturas conocidas y otras no tanto, visualizaciones, meditación, el uso de la voz mediante chanting, técnicas para concentrar la mente, reenergizar el cuerpo y cultivar una presencia más clara y ecuánime. Habrá espacios de silencio y también momentos de encuentro, de escucha activa, de compartir sin la necesidad de arreglar nada. El acompañamiento está presente, pero el mensaje es constante: el poder de transformarte está en tus manos.
Equilibrio-calma y movimiento
El entorno es parte esencial de la experiencia. Menorca aparece aquí no como un simple destino, sino como un estado. La elección de la isla nace de una historia personal y de un impulso de ir un paso más allá: elevar el nivel, atreverse, sin perder autenticidad. Tras explorar diferentes opciones, el lugar se reveló con claridad: Amagatay. Una antigua finca agrícola en el corazón del campo menorquín, transformada con respeto en un eco-turismo donde el lujo es silencioso, discreto y profundamente enraizado en el paisaje.
Amagatay Menorca
Olivos, jardines, cielo abierto. Arquitectura que conserva su esqueleto original y espacios que invitan a estar. El silencio aquí no es ausencia: es presencia. En Amagatay, el tiempo se estira. Los momentos se vuelven más largos. Hay una sala a la sombra destinada a la práctica, jardines amplios para habitar el afuera, una vista al atardecer desde el bar, una piscina que invita a la pausa, y un restaurante con distintos ambientes, entre ellos el Olivar, donde comer entre olivos centenarios se convierte en un ritual sin prisas. Las habitaciones, luminosas y generosas, respiran carácter mediterráneo. Todo el conjunto se siente como un suspiro de alivio.
El programa deja espacio al vacío. El segundo día ofrece tiempo libre, porque los huecos también regulan y sostienen. El tercer día se abre a una experiencia especial: una actividad manual —arte, pintura o cerámica— y el encuentro con el mar, con las calas de Menorca, sin urgencia. El último día culmina con un taller que da nombre al retiro, Dicha Balear, integrando todo lo vivido y cerrando el ciclo con un brunch compartido, casi familiar. Un cierre que, en realidad, marca un nuevo comienzo.
El corazón del retiro es el Dharma. Vivir desde el propósito, desde la rectitud y la búsqueda constante de la verdad interna. Seguir el diseño original de tu vida, no como un ideal perfecto, sino como un camino humano donde la continuidad importa más que los tropiezos. Yoga como compromiso con la coherencia, la responsabilidad y la bondad.
El retiro está abierto a todo tipo de personas. No es un encuentro elitista ni requiere experiencia previa en yoga. No importa la flexibilidad, el origen o el destino. Importa la disposición. Las ganas de mirar hacia dentro, de cultivar una relación honesta con uno mismo, de saber estar. Cada persona se lleva lo que necesita, no necesariamente lo que cree que busca. Se cultiva la confianza personal y también la confianza en la vida. Nada sucede en vano.
Entre los recuerdos que más se repiten, hay uno que aparece siempre: las comidas compartidas. Mesas largas, silencios, conversaciones, risas. Los sabores y aromas como anclaje directo al presente. Comer juntos se convierte en uno de los rituales más memorables del retiro.
Visualmente, la esencia se construye a partir de lo simple y lo vivo: verdes de campo, azules de cielo y mar, amarillo de sol, piedra, blanco, brisa. Sensorialmente, el silencio y el canto de los pájaros. Y la sal. Menorca es tierra de sal, de un mineral cargado de historia y simbolismo: preservación, pureza, vínculo entre lo terrenal y lo eterno. La sal aparece también como gesto, incluida en el kit de bienvenida, recordándonos que fue uno de los primeros lujos de la humanidad, incluso moneda, origen de la palabra salario. Un cristal de memoria.
El deseo final es claro: que quien lea sienta curiosidad, serenidad, gozo. Que el texto se lea casi como una pausa. Que transmita belleza sin solemnidad, profundidad sin distancia. Una sonrisa involuntaria. Un recordatorio suave de que habitar la vida con intención, disciplina y sensibilidad también es una forma de dicha.