Mi primer fashion icon: mi mamá

Si me preguntaran quien es mi mayor fashion icon, mi respuesta inmediata sería Victoria Beckham, Alexa Chung o Grace Jones, ya que son en quienes constantemente busco inspiración, admiro sus trayectorias o siento que me asemejo en cuestión de ideas, estilo, etc., pero si me detuviera un poco a pensarlo, sin influencia de lo que he visto en medios, en música, en internet, en cine, etc., diría que en realidad es mi mamá y creo que a muchas personas les puede pasar lo mismo.

Es inevitable heredar cosas de nuestra familia: el carácter, rasgos físicos, manierismos, pero creo que uno muy particular del que no se habla tanto es el estilo y como lo percibimos, ya que desde que somos pequeños se nos da la ropa de alguien en la familia a quien ya no le queda o le gusta, o que simplemente, quieren seguir conservando dentro del círculo más cercano.

En la mayoría de los casos, la persona más cercana a uno es la madre, quien nos trae al mundo, nuestra mayor confidente y quien estará de nuestro lado sin importar lo que pase. Prácticamente es la primera persona a la que conocemos en nuestra vida y en muchos casos la más cercana; de ella aprendemos palabras, modales, lecciones, pensamientos e incluso gustos, por lo tanto su influencia en cómo nos vestimos es inevitable, sobre todo porque en los primeros años de nuestra vida es ella quien nos dice que usar o nos va guiando en el proceso de encontrar un estilo propio.

Tomando a la mía como ejemplo, me dio dos vestidos tejidos, uno azul y uno beige cuando tenía 6 años, con los que me sentía un personaje más de Las Crónicas de Narnia y que había guardado desde su infancia para cuando tuviera una hija y, spoiler, tuvo dos que los usaron infinidad de veces.

También, tengo vagos recuerdos de sacar vestidos y tacones de su clóset, ya que siendo joven a principios de los 2000s tenía un armario que me sigue pareciendo un sueño con tops llenos de colores, lentejuelas, prendedores, zapatos de tiras, brazaletes anchos, entre otras prendas que construían básicamente la fantasía de cualquier niña.

Pero más allá de las prendas como algo estético, sin darme cuenta, mamá me contaba quién era ella como individuo, quien era fuera de ser mi madre: una mujer extrovertida, graciosa y que literalmente ilumina la habitación en la que sea a la que entra. Desde que tuve noción de su personalidad supe que quería ser así: fuerte, divertida y sin miedo a ser una misma, que es todo lo que sus looks gritaban.

Conforme fui creciendo, las tendencias avanzaban, pero ella mantenía fuerte su sello (y hasta la fecha), combinando un estilo boho con influencia de los 70s y 80s que seguido le digo que me recuerda a YSL de aquella época.

Ella siempre ha sido la persona a quien más admiro, a quien también he visto crecer y evolucionar pero que en cada momento me ha enseñado a serme fiel y a ponerme como prioridad, a vestirme para agradarme y no para encajar, pero especialmente a que si me gusta algo de su clóset sólo se lo tengo que pedir prestado.

Algo que me parece de lo más hermoso es que sé que su estilo y presencia nunca saldrán de mi cabeza: jamás me olvidaré de las blusas bebe, ni de sus hoodies del hard rock café, o su obsesión con los tenis new balance, de sus blusas al hombro, sus camisas con listones, ni de que hace poco que vi una foto de ella a mi edad y me dí cuenta de que era mucho más bonita que yo, hasta diría que es el clon de Sofia Coppola en los 90s.

Ella fue la primera imagen que tuve de alguien que me inspiraba, mi primer modelo a seguir, de quien decía “así me quiero ver” mucho antes de que supiera de moda, mucho antes de que siquiera conociera bien sobre este mundo; yo solo sabía que ella se veía increíble con lo que fuera que decidiera usar y que aunque estuviera en su oficina, o en el coche yendo a recogerme a la escuela, o un fin de semana saliendo a comer, o de paseo las dos solas, siempre ha sido y siempre será la persona que más va a resaltar, o al menos para mí.

Quizás hablo desde el amor de una hija, pero, ¿realmente quién no lo hace? casi todos pensamos que tenemos a la mejor mamá del mundo y eso es lo que lo hace tan romántico. Todos hemos tenido experiencias tan distintas, cada una tiene una personalidad marcada y un estilo característico que estará siempre en nuestras mentes con un impacto mayor que el de cualquier casa de moda internacional o que el de cualquier celebridad y por eso pienso que mamá es el primer fashion icon en el que me apoyaré por el resto de mi vida.

Con esta columna les invito a ponerse a pensar ¿qué tanto del estilo de mi mamá tengo presente en el mío? y les prometo que se sorprenderán cuando se den cuenta de la cercanía que existe, aunque sea en detalles pequeños que quizás ni habían notado, pero que ahora, sí les llegó al corazón lo que escribí, apreciarán más que nunca porque este tipo de historias, vivencias y seres cercanos son lo que nos forma como personas.

Esto va claramente dedicado a mi mamá, que me ha apoyado desde el primer momento en que supo a lo que me quería dedicar y jamás ha dudado de mí, incluso si al principio no lo entendía muy bien, te amo.

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